Bailar con la sonrisa

Francisca dice que cuando baila se siente libre.

El cuerpo de Francisca es libre cada vez que baila.

Francisca mueve las caderas porque eso es el twerk, dice.

Mover las caderas, mover el culo.

Ser libre.

Y cada vez que lo hace, la libertad recorre sus caderas.

Hay ritmo, hay pulso. Hay latido.

Y todo, todo es placer en ella cada vez que baila.

Es que Francisca baila con la sonrisa y eso les pide a las chicas de 13 y 14 años que aprenden a bailar con ella.

-No dejen de sonreir. Aunque se olviden el paso, no pierdan la sonrisa-, les dice.

De raíces africanas y populares, el twerking es una danza urbana que se baila moviendo -sobretodo- las caderas. Manos sobre las rodillas, y las nalgas rebotando de un lado a otro, de manera veloz. ¿Qué genera ese movimiento? Dice Francisca, chilena y radicada en Rosario hace casi un año, que bailar la empodera. Que antes de aprender twerk, sus piernas “grandotas” la acomplejaban. Que una amiga de ella, con la que fue a bailar por primera vez, también sentía vergüenza de sus piernas que eran demasiado flacas.

Las dos cayeron a una clase sin saber de qué se trataba. Nunca antes habían bailado.  Desde aquel día, no pueden dejar de hacerlo. De twerkear y enseñar a otras lo mismo que ellas aprendieron: sonreir con las caderas, disfrutar del placer del movimiento, de su culo y sus cachetes moviéndose al ritmo que ellas quieran, que ellas desean, que ellas decidan.

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