Todo cuerpo es político

“Nosotras también podemos hablar de sexo y disfrutarlo”, dice Francisca y habla de todo lo que las letras machistas del regueeton expresan de manera explícita. “Las letras son machistas porque ellos, los que la hacen, también lo son”.

Habla también de la resignificación; de cómo hay mujeres que empiezan a escribir nuevas letras. No son conocidas ni muy difundidas, pero hacerlas visibles es un acto político. Como bailar, afirma. “Para mí, el cuerpo es político. Al mundo no le gusta que cualquier mujer se mueva, solo le gusta que algunas lo hagan, con determinados cuerpos. Cualquiera de nosotras puede bailar, porque es reconocer nuestros cuerpos desde otro lugar. Si yo bailara en un ballet en la calle a nadie le molestaría. Es el twerk lo que les molesta”. Eso molesta: que movamos las caderas, la pelvis, esa parte del cuerpo silenciada, reprimida, acallada por el patriarcado. Penalizar el baile, como ocurrió en Rusia, habla de todo lo que el twerk puede: liberar, autoestimular, empoderar, poner en el centro de las mujeres y las disidencias, el propio placer, el poder sobre nuestros cuerpos y nuestra sexualidad.

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