Cuando decimos no

Cuestionar los códigos machistas del tango comienza a cobrar fuerza en muchos grupos, bailarinas, docentes, espacios culturales. Subleva Tango es uno de ellos. Integrado solo por mujeres, lo que busca es reflexionar sobre esas opresiones naturalizadas históricamente. Algo simple, dice Inés y dá un ejemplo: “para empezar a bailar la mujer debe esperar en su mesa, con la mirada atenta a que cualquier hombre la invite a través del cabeceo. El hombre no se acerca a la mesa para no quedar expuesto por si le dicen que no. Y muchas veces, si esa mujer le dice que no, sufre represalias. La mujer está es una posición sumamente pasiva”.
Empezar a cuestionar aquello que oprime a la mujer, a las identidades disidentes, es un primer momento para sentir la danza desde un lugar más libre, más placentero. “Pensar el tango desde una mirada feminista no significa que el tango se censure. Pero si esa tradición hace que cualquier persona se sienta oprimida, o se invisibilice una situación de abuso o diferencia, ahí es cuando nos parece que defender un código a rajatabla porque es una tradición que heredamos, ahí decimos no”, dice Inés.

 

 

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